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La complejidad de los clústeres.

13 de febrero de 2018 / No Comments

Al revisar la clásica definición del profesor Michael Porter: “Un clúster es una concentración de empresas y de instituciones dedicadas a un mismo negocio, con múltiples relaciones entre ellas y con otros agentes de la industria, unidas por rasgos comunes y complementariedades”, se deduce que estos son realidades complejas que se dan en los territorios y que involucran múltiples actores que se relacionan entre sí para participar, directa o indirectamente, en un determinado negocio.

Es por esto por lo que en un clúster el negocio principal se expresa por medio de una cadena de valor que es, en esencia, una abstracción que sirve para comprender cómo se articulan las actividades (eslabones) que generan valor al cliente y lo motivan a comprar un determinado producto, actividades ejecutadas por actores como empresarios, prestadores de servicios, gobiernos, gremios, grupos de investigación, centros de desarrollo y transferencia tecnológica, universidades y todos los que de una u otra forma están involucrados.

En consecuencia, los clústeres, además de ayudar a entender cómo funcionan los negocios, son instrumentos útiles para identificar áreas de mejora y que las empresas construyan su ventaja competitiva. De ahí que la complejidad de las aglomeraciones es proporcional al grado de sofisticación de los bienes o servicios que producen. A mayor nivel de complejidad, más útil es el modelo de abstracción mental para representarlos e intervenirlos.

Veamos dos ejemplos para ilustrar el grado de pluralidad al que nos enfrentamos. Pensemos cuando un cliente quiere comprar, en un clúster inmobiliario, una propiedad de habitación y recurre a la oferta existente para identificar una casa o apartamento en venta. Entonces necesita averiguar quién vende, cuál es el intermedio, recurre a un perito evaluador, consulta posibilidades de financiamiento, se somete a un estudio de capacidad de endeudamiento y garantías bancarias, averigua los servicios de compañías aseguradoras, calcula los impuestos catastrales en que incurrirá, contrata los servicios de un abogado que lo asesore y hace trámites ante notarías y oficinas pública de registro de propiedades. Como se observa, en esta sencilla transacción comercial que tiene lugar al final de la cadena de valor de un negocio inmobiliario, intervienen muchos actores que le imprimen cierto nivel de complejidad.

Ahora consideremos el caso de un empresario de una industria cualquiera que produce un bien en particular. Para su actividad este empresario requiere energía y servicios públicos, insumos y materias primas, servicios de mantenimiento, mano de obra y entrenamiento, pólizas y seguros, servicios financieros, servicios de logística, seguridad y otras cosas. Así que fabricar un producto implica muchas variables que en su conjunto tienen que ver con productividad y la ventaja competitiva que se adopte.

Total que los clústeres se relacionan con todo esto. Si bien mediante una iniciativa clúster se identifica el negocio más atractivo, rentable y de crecimiento futuro, además de la ventaja competitiva a construir o consolidar, esta sólo es el foco del negocio porque la facultad para interactuar de forma adecuada con los agentes que intervienen estriba en la habilidad del empresario y en su capacidad de integración a lo largo de la cadena, de ello depende en buena parte la productividad de una empresa.

A través de una iniciativa clúster se identifica el qué hacer, pero no el cómo hacerlo, pues esto lo define cada empresa conforme a su realidad y organización. En consecuencia, los clústeres son un instrumento de intervención de la competitividad y productividad en los territorios que devela posibilidades y la naturaleza de esas posibilidades.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director NaoClúster - armando@naocluster.co

Cómo evitar perder clientes de tu empresa de logística

/ No Comments

¿Sabes como evitar perder clientes de tu empresa de logística? Hoy, garantizar la satisfacción del consumidor concentra los esfuerzos de los operadores logísticos, que se dan cuenta de que ya no basta con reducir costes o mejorar el porcentaje de entregas perfectas. Si bien son dos de los principales retos a los que este tipo de empresas deberán enfrentarse en los próximos meses, no son, ni mucho menos, los únicos.

Abrazar la tecnología blockchain, fomentar estrategias colaborativas, estandarizar apoyándose en el Internet de las cosas y subirte a la ola de la robótica avanzada pueden darte una pista de cómo evitar perder clientes de tu empresa de logística. ¿Quieres nuevos? ¿Los necesitas más leales?

Leer artículo completo en Blogs del Bid.

El 5G traerá una nueva 'edad de oro' a las operadoras

6 de febrero de 2018 / No Comments
Ignacio del Castillo.

La necesidad de bajar la latencia, la velocidad de respuesta de la red, obligará a las empresas a inyectar sus aplicaciones en las redes de las telecos, lo que hará muy difícil que estos grandes clientes cambien de proveedor.

La llegada a nuestras vidas del 5G, la nueva red de telecomunicaciones móviles que se empezará a desplegar en España a partir de 2020 -aunque en algunos países será un poco antes-, va a cambiar muchas cosas en las sociedades modernas, y va a dar un impulso fundamental a la revolución digital y la automatización.

Pero una de las consecuencias que va a provocar es una probable edad de oro de los operadores de telecomunicaciones móviles, que tejerán una red de complicidades nuevas y más intensas que nunca con los grandes y medianos clientes, tanto corporativos como de las administraciones públicas.

Leer nota completa en Expansión.


Palabras y desarrollo tecnológico

4 de febrero de 2018 / No Comments
El diccionario de la RAE contiene cerca de 88.000 palabras sin incluir las casi 70.000 del diccionario de americanismos, lo que nos lleva a pensar en cuántas palabras de estos voluminosos repositorios usamos para comunicarnos de forma verbal y escrita. Y aunque no hay cifras exactas sobre el asunto, todo apunta a que una persona con estudios elementales y que no lea más que textos básicos usa entre 300 y 400 palabras para hacerse entender en su vida diaria, capital léxico que puede aumentar a 2.000 o más cuando se trata de alguien que con frecuencia lee revistas, periódicos y algunos libros, y podría superar las 5.000 cuando el individuo escribe con regularidad, lee de forma periódica y se dedica a actividades culturales e intelectuales. En suma, entre mayor sea el nivel cultural de una persona más cantidad de vocablos conocerá, comprenderá y usará.

La relación que existe entre cultura y palabras sirve de analogía para comparar países desarrollados con los que no lo son. Como el desarrollo está ligado a la generación de conocimiento, al uso de la innovación y a la apropiación de la tecnología, los países con incipiente desarrollo se parecen a personas de vocabulario limitado, mientras que los punteros y vanguardistas, los que lideran los índices globales de competitividad e innovación, se asemejan a individuos que tienen en su haber 5.000 o más voces. Metáfora que sirve para expresar cómo los países innovadores que poseen tecnología de punta se caracterizan por tener empresas altamente diversificadas y especializadas; por su parte, los países subdesarrollados por lo general se focalizan en la producción de bienes básicos por el insuficiente conocimiento que tienen a la mano.

En consecuencia, así como se precisa de una mayor cantidad de palabras para una mejor comunicación, se igual forma se requiere un mayor conocimiento y tecnología para elaborar productos más complejos. Por esto es por lo que en los países adelantados se hacen muchas cosas que pocos saben hacer y las personas cultas hablan con propiedad de temas que pocos dominan.

Entonces la pregunta retadora que salta a la vista es: ¿cómo aprender más palabras? O más bien, ¿cómo generar mayor conocimiento, ¿cómo avanzar en innovación?, ¿cómo apropiar más tecnología? Se aprenden palabras estudiando, leyendo y escribiendo que a su vez nos sirven para redactar textos sencillos o complejos sobre temas y disciplinas diferentes. Por su parte, al conocimiento y la tecnología se llega mediante la investigación y la innovación, y su grado de accesibilidad determina en buena parte las opciones para producir bienes o servicios, básicos o sofisticados. Así como con las mismas palabras usadas para redactar un texto se pueden escribir otros diferentes, con el conocimiento y la tecnología empleada para hacer un producto es posible elaborar otro disímil en un sector industrial distinto.

En definitiva, si las palabras son un medio de expresión y comunicación para lograr fluidez y contenido en el mensaje, la tecnología y el conocimiento son un vehículo portador de alternativas productivas que amplían las oportunidades de diversificación en otras cadenas de valor, lo que hace factible que una economía supere la trampa del desarrollo que significa la producción de bienes básicos a partir de materias primas. De ahí que el enfoque no es la cantidad de insumo básico disponible, sino en la capacidad de conocimiento y tecnología aprovechable.

Armando Rodríguez Jaramillo

Director de NaoClúster