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Innovación, te quiero verde

26 de enero de 2018 / No Comments
Matteo Grazzi y Simone Sasso.

Cuando Federico García Lorca escribió su famoso poema Romance Sonámbulo, ciertamente no estaba pensando en tecnología e innovación. Sin embargo, hoy día estas palabras parecen cada vez más aplicables también en este contexto.
Hoy es claro el rol de la innovación en el aumento de la productividad de un país y por ende su crecimiento económico de largo plazo. El fomento a la innovación es una de las estrategias clave del BID para el desarrollo regional y hemos producido una extensa cantidad de publicaciones y blogs sobre el tema.


Asimismo, es cada vez más evidente el enorme potencial que tienen la innovación y la tecnología para reducir la contaminación ambiental y mitigar las consecuencias del cambio climático. De esta manera podríamos avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo económico capaz de garantizar el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Leer artículo completo en Blogs del Bid.

Cómo la automatización cambiará el papel del trabajo en nuestras vidas

/ No Comments
Por: Robert C Wolcoot.

La gran mayoría de los humanos a lo largo de la historia trabajó porque tenían que hacerlo. Muchos encontraron comodidad, valor y significado en sus esfuerzos, pero algunos consideraron el trabajo como una necesidad a evitar si fuera posible. Durante siglos, las élites de las sociedades europeas y asiáticas aspiraron a liberarse del empleo remunerado. Aristóteles definió a un "hombre en libertad" como la cumbre de la existencia humana, un individuo liberado de cualquier preocupación por las necesidades de la vida y con una voluntad personal casi completa (es revelador que no definiera a los comerciantes ricos como libres en la medida en que sus mentes estaban demasiado ocupadas pensando en comprar más cosas).


La promesa de la inteligencia artificial (IA) y la automatización plantea nuevas preguntas sobre el rol del trabajo en nuestras vidas. La mayoría de nosotros permaneceremos enfocados durante décadas en actividades de producción física o financiera, pero a medida que la tecnología proporcione servicios y bienes a un coste cada vez más bajo, los seres humanos se verán obligados a descubrir nuevos cometidos, no necesariamente relacionados con la forma en la que hoy concebimos el trabajo.

Leer artículo completo en Harvard Business Review.

Competitividad, ¿dónde estás?

24 de enero de 2018 / No Comments
El departamento del Quindío en los últimos años ha venido cediendo terreno en materia de competitividad comprometiendo sus opciones de futuro.

Si en tiempos de la cuarta revolución industrial no hay un solo territorio que pueda salir adelante sin una sólida educación, sin procesos de investigación, sin jugársela por la innovación, sin el uso y apropiación de la tecnología, y sin impulsar el emprendimiento y el fortalecimiento empresarial, entonces: ¿qué esperamos para tomar las decisiones que nos lleven hacia el bienestar?, ¿qué sentido tiene seguir distraídos en los debates intrascendentes que nos plantea la política local y no ocuparnos de los desafíos del desarrollo?

Como reza la frase con la que los circos tradicionales anuncian sus funciones: “Y luego no digas que no te lo dijimos…”, así parece que le advirtieran al Quindío las organizaciones encargadas de elaborar los cuatro informes que miden los adelantos y retrocesos en materia de competitividad e innovación de los departamentos que develan de paso una realidad incontrovertible.

El primero, corresponde al Escalafón de la Competitividad de los Departamentos en Colombia de la Cepal que suma siete ediciones (2000, 2004, 2006, 2009, 2012, 2015 y 2017), y que en la última clasificó al Quindío de octavo entre 32 departamentos con un puntaje de 62,1 sobre 100.  El segundo, es el Índice Departamental de Competitividad del Consejo Privado de Competitividad y el Centro de Pensamiento de Estrategias Competitivas (CEPEC) de la Universidad del Rosario publicado anualmente desde 2013 y que en su quinta versión el Quindío retrocedió cuatro posiciones quedando en el puesto 14 entre 23, con 4,54 puntos sobre 10.

Luego sigue el Estudio Doing Business en Colombia elaborado por el Grupo del Banco Mundial con la colaboración del DNP que mide las facilidades y las regulaciones para hacer negocios en 32 ciudades capitales, estudio en el que en su última entrega (2008, 2010, 2013 y 2017) Armenia perdió seis posiciones al pasar del cuarto al décimo puesto. Por último, está el Índice de Innovación Departamental para Colombia del DNP y Colciencias que en 2017,  su segunda versión, el Quindío fue noveno entre 23 departamentos con 35,2 puntos sobre 100.

En consecuencia, las cifras indican que nos encontramos en puestos intermedios con puntajes intermedios por debajo del promedio nacional, siempre a la saga de Caldas y Risaralda con los que compartimos ciertas particularidades como quiera hacemos parte del Eje Cafetero. Un denominador común en los informes, en donde tal vez se halle nuestro talón de Aquiles, son los bajos resultados en educación básica, media y superior, CT+i, diversificación de la producción, innovación empresarial, complejidad de la producción y canasta exportadora, variables que muestran el salto que debemos dar si queremos integrarnos a la economía del conocimiento.

Esta es la realidad de un departamento que en las últimas décadas del siglo pasado se decía “joven, rico y poderoso” porque gozaba de una buena infraestructura vial y de servicios, de altos indicadores en educación y salud, de bajos niveles de pobreza y de un ingreso per cápita superior al de la mayoría de regiones, determinantes que le permitía exhibir un índice relativamente alto de desarrollo humano.

Todo parece indicar que ante la precariedad de las cifras perdimos la capacidad de reacción, y lo que es peor, la capacidad de asombro, como quien pasa del orgullo a la resignación. Esto nos enfrenta a un inmenso desafío generacional que demandará un inconmensurable esfuerzo colectivo para cambiar el futuro al que nos dirigimos, pues es inaceptable que un territorio como el Quindío se halle en niveles intermedios de desarrollo, y lo que es peor, descendiendo.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director de NaoClúster - armando@naocluster.com

¿Pagaría US$50 por un café que se lanzó casi al espacio?

23 de enero de 2018 / No Comments
Ockhyeon Byeon, dueño del local Round K, eleva el grano de café colombiano en globo a una altura de hasta 49 kilómetros.

Los platos costosos generalmente se anuncian solos. La hamburguesa de US$35 en Db Bistro Moderne tiene foie gras que chorrea del centro. El Golden Opulence Sundae de US$1.000 en Serendipity 3 está adornado con una hoja de oro. Pero en el café Round K, en el Lower East Side de Nueva York, la taza de café Astronaut no es nada atractiva. Se trata de una bebida que tarda unos minutos en embeberse y llega a usted en una taza de porcelana preciosa, aunque no excepcional. La infusión marrón oscura llega sin decoración y una taza cuesta US$50.

Leer nota completa en La República.

El "coworking" es más que un espacio de trabajo: aumenta la felicidad y la productividad

13 de enero de 2018 / No Comments
Steve King
Trabajar de manera remota tiene muchas ventajas: los horarios son flexibles, no hay que desplazarse a la oficina, y uno tiene autonomía y control sobre cómo trabaja, por mencionar solo unos pocos.
Pero como cualquier trabajador remoto le dirá, también existen unos retos considerables. De acuerdo con varios estudiosel aislamiento y la soledad se encuentran entre las principales quejas. Teletrabajar significa perderse la interacción humana y los aspectos sociales que ofrece estar en la oficina.
Según Vivek Murthy, el Director General de Salud Pública de Estados Unidos, el número cada vez mayor de trabajadores en remoto y de la economía gig es clave en la expansión de la "epidemia de soledad". Murthy también señala que la soledad es mucho más que un problema social; también es un problema de salud "asociado con una reducción en la esperanza de vida similar a la causada por fumar 15 cigarrillos al día e incluso mayor que la asociada con la obesidad".
Ver artículo completo en Harvard Business Review

Lo hacemos o nos marginamos

11 de enero de 2018 / No Comments
Un llamado al cambio de rumbo en el desarrollo del Quindío. (Artículo publicado en Quindíopolis) 

Los expertos opinan que el crecimiento de la economía colombiana en 2017 bordeará el 1,6% y que el de 2018 no superará el 2%, porcentajes sintomáticos de un país que parece mirar con desdén el universo de oportunidades que brinda la economía del conocimiento mientras continúa fijando sus expectativas de desarrollo en los recursos del subsuelo como carbón, níquel, oro y petróleo.

Esto nos debe motivar a no seguir rehuyendo los desafíos que nos plantea la Cuarta Revolución Industrial en la que están inmersos los países líderes en competitividad. Es suicida seguir postergando el debate sobre la necesidad de cambiar de modelo productivo y, sobre todo, de cómo lograrlo. De no tomar la decisión de dar el paso ahora, no lo daremos nunca, pues cada vez será mayor la distancia que nos separe de los países avanzados.

Hoy se acepta que el desarrollo de un país no se construye desde el centro, se hace desde lo local, por cuanto éste es la suma de las dinámicas productivas de sus territorios. Así como en lo global hay grandes distancias con Suiza, Estados Unidos, Singapur, Holanda y Alemania que encabezan los primeros cinco puestos del Reporte Global de Competitividad 2017 del Foro Económico Mundial, en lo nacional las hay con Bogotá, Antioquia, Santander, Caldas y Risaralda que ocupan los primeros puestos en el Índice Departamental de Competitividad 2017 del Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario, rezagos territoriales que deberían ser acortados si se quieren crecimientos más armónico.

En consecuencia, si el Quindío desea mejorar el puesto 14 que obtuvo en el Índice Departamental de Competitividad 2017, se deben asumir políticas públicas que focalicen la gestión del desarrollo en las empresas, en la innovación y en la formación del talento humano con un horizonte de mediano y largo plazo bajo un consenso colectivo por fuera de las coyunturas políticas.

No le tengamos miedo a impulsar un crecimiento empresarial con productividad, a incentivar los clústeres regionales, a fomentar la industrialización (manufactura, agroalimentos, agroindustria) y los servicios (turismo, TIC, comercio, salud). Apropiémonos de la cultura de la innovación para crear ventajas competitivas a nuestros productos y servicios, para esto hay que crear un verdadero ecosistema de innovación liderado por las empresas e impulsado por la administración pública y las universidades. Pero nada de esto será posible de no transformar la educación, de no establecer un modelo enfocado en la formación tecnológica y el escenario empresarial, una formación con pertinencia orientada a las necesidades del sistema productivo. Hay que impulsar la atracción de inversión productiva y crear centros de excelencia empresarial con visión global.

Todo esto será eficaz si concentramos los esfuerzos anotados en sectores estratégicos con capacidad de actuar como tractores del crecimiento y si la gestión en desarrollo productivo, innovación y educación la realizamos de forma articulada y no por separado como si se tratase de asuntos divergentes.

Este es un reto atractivo y prometedor, no necesariamente imposible ni reservado a regiones especiales y superdotadas. Sólo es preciso organizarnos y afrontar el desafío de involucramos en la Cuarta Revolución Industrial. Lo grave es que no hay alternativa: lo hacemos o nos marginamos.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director NaoClúster - armando@naocluster.com

Competitividad y know-how.

10 de enero de 2018 / No Comments
El escenario global está definido por países desarrollados y otros que no lo son, y entre ellos gravitan muchos que quieren apartarse de los segundos para aproximarse a los primeros. Es una lucha permanente por salir de un mundo con baja calidad de vida y pocos ingresos para acercarse a uno con mejores estándares y alto ingreso per cápita.

Pero en esta realidad hay algo más allá que una simple diferencia de ingresos, pues lo que en esencia hace la distinción es la producción de conocimiento y su aplicación, es la formación del talento humano, es la capacidad de innovar y usar la tecnología para producir bienes y servicios de alta complejidad.

Entonces bien podría un observador desprevenido decir que la clave está en mejorar la educación superior y en usar y difuminar la tecnología. Sin embargo, no es tan sencillo, pues esto significa una verdadera revolución para un país subdesarrollado.

Veamos el caso específico de la tecnología, esta requiere de conocimiento para hacerla y para usarla, de no ser así, se podría pensar que buscando en internet se puede saber cómo se hace algo, pero será que esto proporciona el cómo hacerlo. ¡He aquí la diferencia!

Supongamos que una persona padece de dolor en un diente, entonces tiene dos alternativas: consultar un artículo en la web sobre el tema o acudir a un odontólogo que tiene los equipos y el conocimiento para tratar la dolencia. O qué tal si se desea aprender a pilotar un avión, el interesado podría tomar un curso virtual u optar por ingresar a una escuela de aviación con instructores idóneos y equipos para el aprendizaje. Así que el tema no es solo de conocimientos, la tecnología trata de herramientas y de códigos, pero también de saber cómo hacerlo (know-how), capacidad y habilidad que está en los cerebros, en las personas.

De ahí que no basta con tener la tecnología, esta es adquirible, es esencial contar con el know-how individual, pero sobre todo de equipo.  Entre más compleja una labor mayor know-how requiere, pues es esencial un saber individual para volar un monomotor pero se precisa de un saber hacer en equipo para conducir un Airbus comercial.

Agricultura de subsistencia vs agricultura comercial.

Si el know-how es el saber hacer, entonces es obvio que la producción de bienes sencillos demanda saberes generales y la de bienes complejos saberes especializados. Consideremos el caso de una familia dedicada a la agricultura de subsistencia, sus miembros requieren de un saber hacer diverso con conocimiento sobre el clima y fases de la luna, selección de semillas, preparación del terreno, trazado y siembra manual, labores de deshierba y control de plagas, cosecha manual, empaque y comercialización, procesos que demandan una gran experticia y entrenamiento en diferentes campos porque ese agricultor lo hace todo.

Pero si observamos el caso de otro cultivador dedicado a la agricultura empresarial, notaríamos que usa semilla certificada y emplea maquinaria especializada para la siembra, el riego, el control de plagas, el cultivo y la cosecha; consulta reportes meteorológicos, usa análisis de suelos y fitosanitarios, demanda asistencia técnica y está conectado con sus compradores. Esto indica que usa maquinaria, equipos e insumos, aprovecha el conocimiento especializado y tiene acceso a información estratégica que él no produce. Es decir, usa tecnología y conocimientos diversos que mejoran su productividad y tiene una cadena de valor diferente al de la agricultura de subsistencia donde el techo lo pone la tecnología y no la capacidad física de los implicados.

La diferencia está en que el agricultor de subsistencia lo hace todo, el comercial usa tecnología y tiene un know-how especializado donde concurren otros agentes para obtener mayor productividad. El uno tiene un know-how de subsistencia, el otro uno de complementariedad.

El caso de Airbus.

Otra muestra de un know-how de complementariedad se encuentra en una compañía como Airbus, el mayor fabricante de aviones y equipos aeroespaciales del mundo, que tiene una planta de 63.000 personas que operan en 16 lugares diferentes de Francia, Alemania, España, Reino Unido y China, con subsidiarias en los Estados Unidos, Japón y la India. El ensamblaje final de las partes producidas en diferentes lugares tiene lugar en Toulouse, Francia; Hamburgo, Alemania; Sevilla, España; y Tianjin, China. Esta es una demostración de cómo saber hacer en equipó aplicando conocimientos especializados que se complementan para fabricar un producto de alta tecnología y complejidad, ejemplo diferente a si lo que hallaríamos en un taller de producción de ultralivianos.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director NaoClúster.

Los commodities no son portadores de futuro

9 de enero de 2018 / No Comments
En la última década del siglo XX Colombia intentó transitar del modelo proteccionista de sustitución de importaciones al de apertura económica mediante la rebaja sustancial o eliminación de los aranceles cobrados a las importaciones de bienes de capital y manufacturas, así como con la liberación de varios sectores al capital privado nacional e internacional.  El propósito esencial era impulsar el desarrollo económico bajo el supuesto que una mayor apertura comercial mejoraría la competitividad de las empresas nacionales para producir productos y servicios de mejor calidad con mejores salarios, lo que a su vez fortalecerían las exportaciones.   

Pero los resultados no fueron los esperados. Cuando está por finalizar la segunda década del Siglo XXI Colombia es un país que concentra el 80% de sus exportaciones en commodities como petróleo, carbón y café, lo que causó en buena parte la caída del PIB industrial y el incremento en las importaciones de manufacturas y alimentos en los últimos años, atando significativamente los ingresos de la Nación a la renta minero-energética y al acceso de divisas ligado al precio internacional de las materias primas y su volumen de producción. 

Es decir que, así como lo hicieron países como Chile, Perú, Venezuela, Bolivia y México, Colombia optó por un modelo de especialización sin diversificación basado en sus ventajas comparativas explotando sus recursos naturales no renovables, dejando de lado cualquier intención por desarrollar la industria local a través de la búsqueda y aplicación de la tecnología y la innovación.

De ahí que sea el momento de reorientar el rumbo y focalizar los esfuerzos hacia una especialización basada en ventajas competitivas con énfasis en la innovación, mejora de la educación, emprendimiento, creación y fortalecimiento de clústeres industriales o de servicios, todo ello en el marco de la globalización de la economía. 

Sin embargo, este cambio no es posible si persisten visiones de corto plazo ancladas a los vaivenes de la política. El tránsito hacia un modelo basado en ventajas competitivas requiere de una gran coordinación entre los gobiernos, las universidades y los empresarios, esfuerzo que va más allá de la expedición de una política de competitividad e innovación o la sanción de una norma en similar sentido. El proceso es disruptivo. Es un cambio de mentalidad. Es aprender a articularnos para cooperar. Es adentrarnos en una nueva forma de producir con conocimiento

Y es precisamente en este escenario donde se revalidan las posibilidades de las iniciativas clúster como instrumentos de diálogo, concertación y ejecución de los objetivos del desarrollo productivo. Los clústeres no son políticas industriales modernas como dicen algunos, son una renovada forma de comprender la geografía económica de los territorios para focalizar acciones por cadenas de valor específicas con el fin de aprovechar los entornos favorables que crean las políticas industriales, como quiera que ellas se ocupan de resolver distorsiones del mercado, propiciar la colaboración entre el sector privado y el gobierno para impulsar sectores de mayor impacto en el crecimiento económico e impulsar un desarrollo más balanceado en las regiones.

Los clústeres, al no ocuparse de sectores económicos, que son genéricos por naturaleza, se focalizan en negocios específicos articulando estratégicamente aglomeraciones de empresas en diferentes eslabones de una cadena de valor especializada, por lo que son instrumentos para competir con innovación y tecnología en procura de ganar una ventaja competitiva que les permita diferenciarse de los demás competidores.  

Así que para cambiar un modelo económico que privilegia los commodities, no es suficiente con ocuparse de aspectos macroeconómicos, es necesario darle respuesta a las necesidades de las empresas para que mejoren su desempeño y se integren a las cadenas globales de valor a través de un trabajo colaborativo entre gobiernos, universidades y empresarios, desafío en el que tienen mucho para aportar las iniciativas clúster.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director NaoClúster - armando@naocluster.com


El año en el que la inteligencia artificial empezó a flotar en la nube

4 de enero de 2018 / No Comments
Una de las tecnologías más populares del 2017 fue la computación en la nube. Gigantes como Amazon, Google y Microsoft han encontrado un nuevo producto con el que competir en 2018: la inteligencia artificial basada en la nube. ¿Quién ganará? Este año se descubrirá. 

Por Jackie Snow
La computación en la nube ya es un gran mercado y la competencia dentro de él es dura. El pasado año las empresas tecnológicas abrieron un nuevo frente en la batalla por ganar usuarios en la nube: la introducción a gran escala de inteligencia artificial basada en la nube (ver La IA está haciéndose con el control de la nube y llegando a toda la sociedad).
Leer nota completa en MIT Technology Review