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Cluster o clúster: ¿Cómo se escribe?

19 de agosto de 2017 / No Comments
Desde la década de los años noventa cuando Michael Porte expuso sus trabajos sobre los clusteres definiéndolos como “concentraciones geográficas de empresas, proveedores especializados, proveedores de servicios, compañías en industrias relacionadas e instituciones de apoyo que se desempeñan en las mismas actividades o en actividades estrechamente relacionadas ([1])” el término se hizo global y permeó todos los idiomas.

Así que con el tiempo la palabra cluster se volvió un extranjerismo para los hispanohablantes por ser un expresión que se tomó del inglés (anglicismo) para llenar un vacío semántico del español y que por muchos años se usó como un barbarismo, es decir, un extranjerismo no incorporado oficialmente al idioma.

Pero esto no es un fenómeno nuevo, pues la introducción de extranjerismos al español ha sucedido en diferentes épocas por causas disímiles. Unas por invasiones que trajeron mezclas culturales como lo fue en la Edad Media la dominación de la península ibérica por los musulmanes incorporando numerosos arabismos; otras por expansiones culturales como las del Renacimiento que adicionó italianismos; también lo fueron el auge francés en el siglo XVIII que introdujo no pocos galicismos y la conquista de América que trajo hispanismos y llevó vocablos de las lenguas indígenas; y más recientemente, con la Revolución Industrial y la pujanza de los EE.UU, los anglicismos referentes a ciencia, tecnología y economía forzaron en nuestro idioma nuevos términos.

En el caso que nos ocupa, en medios de comunicación, documentos e informes, y en el lenguaje económico se empezó a usar la palabra cluster y su plural clusters en ausencia de un término equivalente en español. Por fortuna, para saldar la situación, la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), que cuenta con el asesoramiento de la Real Academia Española, publicó el 25 de septiembre de 2013, bajo el título: clúster, grafía adaptada, lo siguiente:

«El sustantivo clúster, con tilde y plural clústeres, es la adaptación del anglicismo cluster, ya recogido con la grafía hispanizada en el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos.

En los medios de comunicación aparece este término habitualmente con el significado de ‘conglomerado de empresas de ámbito o actividad comunes y generalmente ubicadas en la misma zona’: «Los balnearios promueven la creación de un clúster termal» o «Nace el clúster español de turismo de salud».

Por otra parte, clúster también se define en el diccionario Clave como ‘unidad de almacenamiento en el disco duro’ y ‘técnica estadística por medio de la cual se forman grupos que tienen un cierto grado de homogeneidad al compartir, en distinta cuantía, una serie de características semejantes’.

Dado que se trata de un término extendido y asentado en el idioma, se recomienda su hispanización con tilde y en redonda, sin cursiva ni ningún otro tipo de resalte, tal como aparece en los ejemplos anteriores.»

Bienvenida esta adaptación del susodicho anglicismo. Sin embargo, otras consideraciones surgen cuando se trata de Internet donde es de gran relevancia la indexación de las palabras por los motores de búsqueda o indexación web, en referencia al uso de palabras claves o metadatos que proporcionan un vocabulario más útil para la búsqueda en la red de un determinado sitio, lo que tiene que ver con el posicionamiento de un sitio web de acuerdo a la palabra que el usuario utilice. Es por esto que al escribir cluster en Google se obtienen 234 millones de resultados, pero al buscar clúster la cifra baja a 2.950.000 resultados. La diferencia salta a la vista y cada cual usará el término de acuerdo a sus necesidades.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director NaoClúster - armando@naocluster.com



[1] Porter, Michael (1998). Competitive Advantage of Nations

Entre asociaciones y sociedades

4 de agosto de 2017 / No Comments
A la pregunta sobre cuáles son las empresas que pueden competir y permanecer en mercados exigentes con bienes y servicios de calidad, muchos, de manera casi instintiva, dirían que este escenario está reservado a organizaciones poderosas, con músculo financiero y tecnológico, con talento humano y apropiación de la innovación, afirmación que parece dejar de lado a las empresas pequeñas por considerar que carecen de los medios suficiente para responder a las expectativas del consumidor sofisticado.

Y aunque el tamaño de la empresa no necesariamente está en relación directa con su nivel de organización, productividad y competitividad, no podemos dejar de reconocer que las micros y pequeñas empresas, que en el país representan cerca del 98% del total, enfrentan múltiples limitaciones para crecer y llegar a mercados externos. Por lo general estas firmas tienen una débil estructura financiera, limitada capacidad de producción, baja concentración de talento humano calificado y reducido acceso a tecnología especializada, lo que hace que a la mayoría se les dificulte alcanzar una posición competitiva basada en sus capacidades. De ahí que sea necesario explorar otras alternativas como la de buscar aliados con el fin de compartir riesgos, mejorar el soporte financiero, facilitar el acceso a tecnología apropiada, aumentar el poder de negociación, aprovechar los beneficios de las economías de escala, minimizar la incertidumbre de la innovación, mejorar la estructura de costos y cumplir con requisitos engorrosos como los de las certificaciones y normas.

Entonces, ¿qué alternativas de integración tenemos?, ¿debemos asociarnos o crear sociedades?, ¿qué opción nos aporta mayores beneficios? La respuesta depende de lo que cada organización desee y necesite, por lo que es procedente hacer algunas precisiones. La primera de ellas se refiere a la asociación como un mecanismo de integración y cooperación entre empresas que acusan ciertas limitaciones, por lo que, manteniendo su independencia jurídica y autonomía administrativa, deciden trabajar de forma conjunta y voluntaria para obtener beneficios mutuos tales como: mejorar la negociación con proveedores, hacer más eficiente la logística de distribución, cumplir con cuotas de mercado impensables de conseguir de manera individual y muchos otros réditos alcanzables mediante la gestión grupal en una cadena de valor.

La segunda precisión corresponde a la conformación de sociedades, entendida como la conjunción de socios en una nueva unidad productiva o el ingreso de accionistas a organizaciones establecidas aportando cada uno capacidades complementarias útiles para crecer y competir, alternativas que requieren de esquemas mentales diferentes y abiertos. Esta opción trae consigo múltiples beneficios como, por ejemplo, acceder a recursos de inversión o de capital de trabajo sin acudir a la banca, obviando el pago de capital y de costos financieros.

Sin embargo, a pesar de las ventajas comentadas, la realidad es que nuestros empresarios no muestran una marcada disposición hacia la integración, y los que reconocen en ella un valioso instrumento, tienden a preferir las formas asociativas sobre la conformación de sociedades. Es posible que ésta forma de proceder se deba, en buena parte, a que un número significativo de empresas son de familia, por lo que muchos no ven con buenos ojos que personas ajenas a su núcleo hagan parte de sus órganos de gobierno.

En consecuencia, todo indica que deberíamos profundizar, con la ayuda de las universidades y sus programas de ciencias económicas y administrativas, en las bondades de los esquemas asociativos y de sociedades para impulsar modelos de negocios con el potencial de desencadenar mayores crecimientos empresariales. En consecuencia, los empresarios están ante el reto de decidir entre cabalgar en solitario como el famoso llanero de las películas del “Far West” americano y agruparse con otras empresas o buscar socios para ganar fortaleza financiera, suficiencia tecnológica, conocimientos especializados, capacidad logística, capilaridad comercial y economías de escala que les aporten ventajas frente a los competidores.

Armando Rodríguez Jaramillo

Director NaoClúster

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