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El ADN de los emprendimientos dinámicos e innovadores.

22 de diciembre de 2016 / No Comments

El emprendimiento es uno de los temas más mentados en los últimos años por las entidades públicas, académicas y privadas que se dedican al desarrollo productivo y al impulso, fomento y creación de nuevos negocios. Sin embargo, es conveniente separar el emprendimiento básico, conocido como de subsistencia o autoempleo, del emprendimiento dinámico que se relaciona con nuevas empresas de alto potencial para asimilar y contribuir a la innovación, al empleo y al crecimiento económico de una región.

Así que es posible afirmar que los emprendimientos dinámicos se caracterizan, una vez las empresas superan el “valle de la muerte” en sus primeros años de vida, por generar organizaciones con buenas probabilidades de sostenibilidad y crecimiento.

Son muchos los beneficios de los emprendimientos dinámicos entre los que se pueden mencionar: diversificación y sofisticación del aparato productivo, inclusión de los territorios a las cadenas globales de valor, difusión del conocimiento, aumento de la productividad local y generación de empleos estables y de calidad. Pero estos emprendimientos no se dan por generación espontánea ni porque lo decreten los gobiernos, de ahí que sea esencial entender qué hay detrás de esta empresas, cuál es el ADN que las empuja, en qué entornos específicos encuentran los ambientes propicios para crecer, en fin, comprender por qué se dan y qué condiciones son nec esarias para que nazcan.

Hugo Kantis, en el artículo ¿Qué hace que surjan emprendimientos innovadorares? Un aporte Latinoamericano, publicado en los Blogs del BID, señala que "[…] los emprendimientos surgen y logran progresar cuando existen propuestas de valor innovadoras, lideradas por equipos emprendedores de calidad que ambicionan crecer, y que cuentan con las condiciones favorables para la concreción de sus proyectos […]. De lo que se trata es de entender qué hay detrás de una nueva empresa dinámica, que ingredientes conforman la máquina económica y social que contribuyó a su surgimiento."

Kantis describe en su artículo tres ejes claves para el surgimiento de emprendimientos dinámicos e innovadores que reordeno en los siguientes cuatro:

1- Capital humano emprendedor.

Se fundamenta en tres factores clave: condiciones sociales, cultura y sistema educativo. El grueso de los emprendedores que fundan empresas dinámicas suelen provenir de las clases medias. Una clase media más frondosa es la base para el emprendimiento dinámico, a la vez que el emprendimiento dinámico ayuda a ampliar el peso de las clases medias. Estos segmentos de la sociedad se caracterizan por su ambición de progreso y por contar con cierta base de capacidades y recursos que les permiten acceder a las oportunidades que ofrece la educación, que es clave para acceder al conocimiento técnico y a empleos que ayudan a desarrollar capacidades.

2 - Cultura abierta.
Una cultura abierta que facilita el networking y hace más factible emprender, en tanto que una sociedad que valora a los emprendedores lo que hace es aumentar la deseabilidad de crear empresas entre las personas.

3 - Vectores de oportunidades.

Los factores clave acá son: estructura empresarial, plataforma de ciencia y tecnología para la innovación y condiciones de la demanda.



- Una estructura rica en pymes y empresas tecnológicas, con grandes firmas abiertas a la novedad y con demandas sofisticadas, suele generar más oportunidades para los emprendedores que las que están más concentradas en organizaciones tradicionales y conservadoras.



- Una plataforma de ciencia y tecnología, que puede ser un gran aliado del emprendimiento y la innovación cuando cuenta con organizaciones tales como universidades e institutos de investigación de excelencia, con una cultura y estructura organizacional y con incentivos que favorecen la transferencia de conocimiento en general y a través del emprendimiento en particular. 



- Una economía pujante y consumidores que privilegian la diferenciación por sobre el precio ofrecen condiciones potencialmente más favorables para el crecimiento de las nuevas empresas que una declinante o estancada.

4- Palancas para la concreción y potenciación de los emprendimientos.

Las tres dimensiones clave son: capital social, financiamiento y políticas y regulaciones. En efecto, para que puedan llegar a buen puerto es relevante contar con capital social, es decir, bases de confianza para tejer redes, financiamiento apropiado y gobiernos que remueven obstáculos regulatorios y actúan proactivamente mediante programas y políticas efectivas.

Estos cuatro ejes deben ser tenidos en cuenta por las instituciones que fomentan y promueven los emprendimientos dinámicos, las cuales se deben esforzar por articular acciones que permitan generar sinergias en el ecosistema de emprendimiento para ampliar su cobertura y efectividad. De igual forma, los emprendedores deben comprender la necesidad de arriesgar y comprometerse con emprendimientos que los lleven a la producción de bienes y servicios de mayor complejidad y sofisticación, creando una masa crítica de empresas con el potencial de comportarse como un espiral en la difusión de la innovación y el conocimiento, y en la creación de riqueza y bienestar.

Armando Rodríguez Jaramillo.
Director de NaoClúster

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Quindío y su competitividad

1 de diciembre de 2016 / No Comments

El Índice Departamental de Competitividad 2016 (IDC) lanzado el pasado 24 de noviembre por el Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario contiene información útil para 25 departamentos  y Bogotá. Este escalafón evalúa la competitividad territorial con base en 94 variables duras agrupadas en diez pilares y tres factores por lo que sus resultados son el fruto de una copiosa información estadística y una exhaustiva interpretación, lo que invita a reflexionar en los resultados más que hurgar en su metodología.

Esta versión del IDC deja al Quindío en el décimo puesto con 4,78 puntos sobre diez, por debajo de Bogotá y Antioquia que están en los dos primeros lugares y de Caldas y Risaralda que fueron tercero y quinto respectivamente. Sin embargo, el gran aporte del documento está en la información de cada uno de sus pilares y variables. En primer lugar, comparado con 2015, mejoramos posiciones y puntajes en salud, infraestructura, sostenibilidad ambiental y tamaño del mercado; conservamos el mismo puesto (11) en educación superior y capacitación, pero bajamos en puntaje (de 4,66 a 4,45), lo cual es un retroceso. De igual forma, en las últimas dos mediciones de sofisticación y diversificación e innovación y dinámica empresarial conservamos los puestos 18 y 9 respectivamente, pero con bajos puntajes, resultados que sugieren, en sofisticación y diversificación (3,52 puntos), una baja complejidad en la producción de bienes y servicios por parte de nuestros empresarios, y en innovación y dinámica empresarial (2,44 puntos), un rezago preocupante.

Otro aspecto donde se empeoró es en la calidad y capacidad de las instituciones públicas al pasar del primero (2015) al cuarto puesto (2016). Uno de los casos más críticos se dio en educación básica y media al bajar del puesto 12 al 18 y al pasar de 5,40 a 4,94 puntos respectivamente, cifras que dejan como corolario que si queremos mejorar en competitividad hay que fortalecer la educación básica y media, mejorar la educación superior y apropiarnos de la innovación.

Estos resultados develan las serias limitaciones que acusa nuestro tejido empresarial lo que amerita un propósito colectivo que nos lleve a: que los gobiernos territoriales den prioridad de una vez por todas a la formulación y ejecución de una política de fortalecimiento empresarial, que se active la Comisión Regional de Competitividad e Innovación, que se trabaje por el mejoramiento de la productividad y competitividad empresarial, que se apoye la consolidación de cadenas de valor y se organicen clústeres locales, pero sobre todo, que haya voluntad política de transformar la educación a todo nivel, fomentar la ciencia y la tecnología, y crear una cultura de la innovación.

De qué nos sirve contar con el IDC desde 2013, con el Escalafón de la competitividad de los departamentos en Colombia de la Cepal desde el año 2000 y con el Estudio del Doing Business desde 2010, ¿si esta información no la utilizamos para formular los planes de desarrollo y si los gobiernos, universidades, gremios y empresarios no la usan para reaccionar y reorientar lo que vienen haciendo y no funciona?

Armando Rodríguez Jaramillo.
Director de NaoClúster.

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