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Notas del Congreso Nacional de Iniciativas Cluster

28 de noviembre de 2016 / No Comments
El Primer Congreso Nacional de Iniciativas Clúster -INNclúster- trajo la creación de un espacio de encuentro y diálogo nacional en torno a las aglomeraciones empresariales que deberá tener continuidad y proyección en el tiempo y que servirá  para difundir la cultura de la competitividad, productividad e innovación.  

INNclúster, organizado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo e INNpulsa Colombia, se realizó en el auditorio Luis Carlos Galán Sarmiento de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá el 23 de noviembre último con asistencia de aproximadamente 250 personas de los gobiernos nacional y territoriales, cámaras de comercios, organizaciones gremiales, comisiones regionales de competitividad, invitados y algunas universidades y empresarios, lo que denota el interés alrededor de este tema.

Al observar el contenido del Congreso mucho queda por evaluar. Primero, la necesaria intervención de la Ministra María Claudia Lacouture y del Ministro de Economía, Fomento y Turismo de Chile Luis Felipe Céspedes sobre desarrollo productivo e iniciativas clúster mostraron el marco de política en ambos países y la experiencia de los australes en la gestión de clúster en los últimos gobiernos.

El panorama internacional.

El panel del panorama mundial de los clústeres dejó interesantes posturas de Alberto Pezzi sobre la experiencia en Cataluña, Juan Carlos Marshall profundizó en el caso chileno y Rolando Zubirán Robert expuso la particular forma de trabajar en México, país donde empresarios y academia son protagonistas de los clústeres mientras el gobierno asume el rol de facilitador. El panel contó con la moderación de Marco Dini que introdujo al auditorio al escenario internacional de las aglomeraciones de empresas y extrajo conclusiones con una amena síntesis.

El escenario nacional.

El panel sobre el Sistema Nacional de Competitividad (SNC) y su rol en las iniciativa clúster con la participación de la Alta Consejería Presidencial para el Sector Privado, Competitividad y Equidad, DNP, Confecámaras, Consejo Privado de Competitividad y Colciencias, se caracterizó por una mirada minimalista de las entidades de gobierno del SNC, sistema al que le cuesta integrarse con las regiones, excepto por la labor que desarrolla el MinCIT y las entidades que gravitan a su alrededor que intentan impulsar las rutas competitivas y el PTP. Por su parte, el Consejo Privado de Competitividad y Confecámaras expusieron puntos de vista insuficientes para motivar al debate e invitar a la reflexión. Fue un panel que sirvió para exponer lo que cada uno hace o dice hacer.

Las cuatro sesiones paralelas denominadas: conexión con el mercado, gestión del territorio, sofisticación de la cadena de valor y financiación, a pesar de la participación de algunas empresas, estuvieron copadas por entidades de gobierno y gremios. A este tipo de sesiones debería invitarse a universidades y centros de pensamiento e investigación con el fin de enriquecer el acervo conceptual, sería pasar de la plana exposición de la gestión institucional al debate y la sana confrontación de las ideas superando la aparente prevención que hay por contradecir a los funcionarios estatales que se concentran en exponer la política pública y los mecanismos de fomento.

La presentación de los resultados preliminares del Sistema de Seguimiento, Medición y Evaluación de Iniciativas Clúster por parte de INNpulsa y la consultora Clúster Development creó expectativa y deja mucho por analizar. Sería bueno que estas entidades, junto con la Red Clúster Colombia, publicaran un informe sobre los resultados alcanzados con el fin de estudiarlos con detenimiento. De todas formas, este es un instrumento que hacía falta y servirá para retroalimentar la gestión, aplicar correctivos y aprender de las mejores prácticas y de los fracasos presentados.

El reconocimiento a los clúster.

Por último, creo que fue prematuro el reconocimiento a las iniciativas clúster en Colombia. Si bien las escogidas como finalistas tienen merecidos logros, también es cierto que apenas se empieza con el Sistema de Seguimiento, Medición y Evaluación de Iniciativas Clúster (SSME) por lo que aún no se tienen los elementos suficientes para hacer una selección entre las más de medio centenar de iniciativas clúster que ingresaron información a la plataforma del SSME.

Otro aspecto por subsanar, es encontrar una forma equitativa de comparar las iniciativas, pues no es procedente cotejar clústeres que agrupan firmas que hacen parte de grandes organizaciones empresariales, algunas de ellas multilatinas, que llevan años exportando y que cuentan con el apoyo de gobiernos territoriales, universidades, centros de investigación y gremios de gran capacidad institucional, con clústeres formados por pequeñas empresas en territorios que acusan debilidades institucionales. El reconocimiento hecho, si bien no quita valor a los finalistas, es inequitativo y no refleja la heterogeneidad y diversidad de las iniciativas clúster en Colombia.

Barranquilla 2017.

El Segundo Congreso de Iniciativas Clúster el año entrante en Barranquilla será una excelente oportunidad para conocer las iniciativas que lideran entidades como la Cámara de Comercio de esa ciudad y de avanzar en la comprensión de este espacio de encuentro necesario para el fortaleciendo de la competitividad empresarial, apropiación de la innovación e inserción de nuestras empresas en las cadenas globales del comercio.

Armando Rodríguez Jaramillo
Director de NaoClúster - armando@naocluster.com

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No hay nada mas social que una empresa

14 de noviembre de 2016 / No Comments

Por siempre me he atrevido a afirmar que no hay nada más social que una empresa ya que son organizaciones privadas revestidas de un profundo interés público, aseveración que a muchos les pone los cabellos de punta.

Y es que no hay nada más social que una empresa porque ellas compran insumos que transforman en bienes o servicios que satisfacen las necesidades de la sociedad. Para que este ciclo se dé, demandan talento humano y conocimiento a cambio de salarios que impactan el poder adquisitivo de las personas generando capacidad de demandar productos elaborados por otras compañías. Así que las empresas producen lo que la sociedad necesita y de ellas depende su nivel de ingresos, lo que me conecta con lo que dijo el profesor Ricardo Hausmann en una entrevista reciente concedida al diario El Tiempo en Medellín: En toda sociedad las cosas que la gente necesita se consiguen porque otra gente las produce o las provee”.

Pero las empresas también son asuntos públicos porque invierten en negocios e innovación con la capacidad de influir en la calidad de vida a través de producto buenos y empleos estables y bien remunerados. A su vez, se pueden convertir en interlocutores de intereses corporativos participando en asociaciones y gremios, y sirviendo de voceras de intereses colectivos mediante la creación de liderazgos sociales.

Hacia un nuevo paradigma.

Hoy es necesario hacer una profunda reflexión sobre el papel del mundo empresarial. Si bien la empresa no ha estado en el centro de las teorías económicas y administrativas, esta situación ha cambiado en las últimas décadas con el desarrollo de conceptos como competitividad, productividad, innovación y clúster. En consecuencia, hay que validar a las empresas como la célula básica del sistema productivo y la competitividad, lugar donde se dan las innovaciones que incentivan cambios en consumos y comportamientos sociales.

El invento del automóvil cambió la forma de transportarnos y el de la Internet y las tecnologías de la información y las comunicaciones la forma de comunicarnos y relacionarnos.

De ahí que nos hallamos ante el desafío de redefinir el rol de las empresas y empresarios, ya que de su desempeño colectivo depende en gran parte el bienestar social.

Es hora que el sector productivo sea medido con otro rasero. El mundo cambió y el discurso que señala a los trabajadores como explotados por patronos capitalistas es un argumento de ideologías políticas que empieza a ceder terreno. A las firmas hay que observarlas y valorarlas con base en una nueva narrativa que las ubique en el sitio que les corresponde en la sociedad.

La actividad económica está sujeta a riesgos e incertidumbres que tienen la capacidad de ocasionar pérdidas y de abrir nuevos caminos que, en su conjunto, marcan la dinámica económica de las regiones. Así que buena parte del futuro depende de la vitalidad de nuestro tejido empresarial, de su capacidad de respuesta a los cambios en la economía y a la evolución de las preferencias de los clientes, de su adaptación a las restricciones del entorno originadas en determinantes globales o locales, en fin, de las soluciones imaginativas, innovadoras y responsables que asuma para seguir produciendo en un entorno incierto y aprovechar las oportunidades que plantean los negocios.

Y como no hay nada más social que una empresa y estas son organizaciones de interés público, tengamos en cuenta que la calidad de vida, el poder adquisitivo de las personas y su acceso a la modernidad depende en grado sumo de sus compañías y de la complejidad de sus productos. En regiones con firmas dedicadas a producir bienes básicos predominan salarios bajos y menor nivel de vida; en contraposición, regiones con empresas que producen bienes elaborados a través del uso del conocimiento, innovación y tecnología, las escalas salariales son mayores y su calidad de vida también.


Armando Rodríguez Jaramillo
Director de NaoClúster

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