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La mentefactura llegó y se quedó

Es evidente que atravesamos momentos de grandes cambios por lo que algunos estudiosos dicen que la humanidad está en los prolegómenos de la cuarta revolución industrial.

La primera revolución industrial estuvo marcada por las transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de los siglos XVIII y XIX en Inglaterra, Europa y Norteamérica que se dieron con la invención del motor a vapor que impulsó el paso de una economía rural fundada en la agricultura y el comercio a otra asentada en ciudades industriales. Luego vino la segunda revolución industrial a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX estimulada por nuevas fuentes de energía como electricidad, petróleo y gas e inventos como el motor a combustión interna (automóvil y avión), el teléfono y la radio, adelantos que cambiaron el sistema educativo y científico, la gestión y organización del trabajo, los hábitos de consuno y hasta la política.

A finales del siglo XX y primera década del XXI llegó la tercera revolución industrial o revolución científico-tecnológica, determinada por el uso de energías renovables y los avances en las tecnologías de la información y las comunicaciones que produjo la automatización del trabajo y la aparición de los computadores e internet. Ahora se asiste, desde que en la feria de Hannover de 2011 se hablara de ello, a la cuarta revolución, idea en formación y que se relaciona con industrias inteligentes de mayor adaptabilidad gracias al internet de las cosas que permite que objetos, máquinas y personas interactúen remotamente en cualquier lugar y momento, la cultura market de hágalo usted mismo, la computación en la nube, el big data y otros adelantos que enfatizan en una  creciente y adecuada digitalización y coordinación cooperativa en todas las unidades productivas de la economía.

Mentefactura.

Así que estamos ante un profundo cambio tecnológico que empuja las fronteras del conocimiento hacia lo impensado y que transforma de forma disruptiva las relaciones sociales, la organización empresarial, el arreglo económico y las estructuras políticas. Son momentos que demandan audaces respuestas para que el hombre actual se adapte a este entorno, lo aproveche y alcance nuevos estadios de bienestar y progreso.

La innovación es la forma de producir en tiempos de la cuarta generación industrial porque el trabajo dejó de ser una actividad vinculada a tareas de hacer y mover piezas de forma repetitiva en organizaciones jerárquicas y departamentalizadas, para convertirse en actividades con sujetos que piensan e interactúan entre sí, con capacidad creciente de resolver problemas, más creativos y emocionales. En pocas palabras, es pasar de la manufactura a mentefactura.[1]

Esto sugiere una interpretación de la innovación más allá del ámbito tecnológico y de las patentes y propiedades intelectuales, para reposicionarla como un instrumento de generación de riqueza y bienestar con base en el conocimiento y experimentación de nuevas ideas, es impulsar la cultura de la innovación como un factor de oportunidad.

Avanzar hacia la mentefactura precisa de una sociedad que acepte lo novedoso, que sea proclive a adoptar nuevos comportamientos y a desechar otros no adecuados, lo que requiere de esquemas y formas de pensar renovadas que perciban interés por el cambio. Esto sólo es posible si se socializa la innovación y se le sitúa al alcance de todos en las organizaciones, desmitificando el término para sacarlo del laboratorio y ponerlo en los pasillos, en los escritorios, en las salas de juntas y en las cafeterías de las organizaciones.

Alistarse en la cuarta revolución industrial es penetrar al mundo de la mentefactura, es construir una sociedad del conocimiento que derribe barreras tecnológicas, pero, ante todo, es crear nuevas estructuras mentales dejando a un lado todo aquello que no favorezca el intercambio y cooperación de ideas y saberes.

Por moderna que parezca, la mentefactura no es cosa de máquinas ni de tecnología, en esencia es cosa de hombres con predisposición individual y colectiva a aplicar el conocimiento en la construcción de futuro. El desafío consiste en idear una nueva relación cooperativa y compartida en organizaciones que favorezcan la creatividad y hagan de la innovación una práctica cotidiana que transforme el modo de vivir. Es un mundo sin barreras que se libera de lo básico, de lo manual y repetitivo, para sumergirse en el crecimiento de la inteligencia.

Armando Rodríguez Jaramillo





[1] Mentefactura es un término explicado por Juan José Goñi, Director de Desarrollo de Personas en Tecnalia (Bilbao) en su libro “Mentefactura es pensar en conocimiento y servicio, no en producto.”

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Jillur Rahman

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