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La innovación no es una opción

25 de agosto de 2016 / No Comments
Artículo de Armando Rodríguez Jaramillo publicado en el blog Quindiópolis (25/08/2016) con reflexiones sobre la innovación en el departamento del Quindío.

El pasado 15 de agosto fue publicado el Índice Mundial de Innovación 2016 en el que Suiza aparece de nuevo en el primer lugar seguido de países como Suecia, Reino Unido, Estados Unidos, Finlandia y Singapur. En la lista hay que avanzar hasta el puesto 44 para encontrar al primer país latinoamericano, Chile, escoltado por Costa Rica (45), México (61), Uruguay (62), Colombia (63) y Brasil (69), lo que deja al descubierto nuestra realidad.

Por otro lado, la situación de lo que pasa al interior de Colombia en innovación la trae el Índice Departamental de Competitividad de 2015 donde el Quindío ocupó el puesto 16 entre 25 departamentos, es decir, que estamos en el último tercio de la lista de innovación en un país que se halla en la mitad del escalafón mundial. Ahora bien, una mirada al ranking de patentes de inversión de 2015 de la Superintendencia de Industria y Comercio, muestra que Bogotá va a la cabeza con 141 patentes, seguido de Antioquia y Valle con 78 y 28 respectivamente, ranking que tiene al Quindío en el puesto 15 con sólo dos patentes.

Todo esto para decir que nuestra debilidad en innovación es grande y que la brecha en esta materia es enorme con otras regiones y países. En este asunto, que no es de poca monta, se concentran nuestras opciones de desarrollo en un mundo que está en los prolegómenos de la cuarta revolución industrial y que empuja las fronteras del conocimiento hacia lo impensado transformando las relaciones sociales, la organización empresarial, el arreglo económico y las estructuras políticas.

Las cifras enseñadas justifican la importancia del proyecto de fomento a la innovación que la Gobernación y Cámara de Comercio ejecutan con otras entidades, amén de la voluntad de la administración departamental de continuar apoyando este tipo de iniciativas con recursos de regalías para aumentar nuestras capacidades locales, lo que nos pondrá en sintonía con la creciente conciencia global acerca de la importancia concluyente de impulsar la innovación como estrategia para tener economías dinámicas y competitivas.

Es tiempo de dejar atrás los debates políticos insulsos para intentar un gran acuerdo inteligente que nos lleve a una apuesta por la innovación que impulse el crecimiento económico a largo plazo. Es irrefutable que estamos rezagados y que la brecha acumulada es grande, lo que obliga a transitar por una senda virtuosa para pasar de producir productos básicos, de bajo costo, a otros cuya ventaja competitiva sea la diferenciación con productos de mayor elaboración y complejidad. Pero esto solo es posible con investigación, innovación y tecnología.

Desde luego que estamos ante un enorme desafío que demanda el cambio de estructuras mentales y el diseño de nuevas estrategias de futuro con el fin de encontrar la forma de innovar con éxito usando los recursos existentes y los saberes acopiados. La innovación no es una opción, es el camino, que más allá de ser el objetivo de un gobierno, debe ser el propósito de una generación.

Armando Rodríguez Jaramillo

Director NaoClúster - armando@naocluster.com

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Costos y diferenciación como ventaja competitiva

21 de agosto de 2016 / No Comments
Una causa frecuente de naufragios en las empresas es pretender navegar en el océano de los negocios sin estrategia competitiva.

El factor esencial que determina el éxito o fracaso de las empresas es la forma en que se encara la competencia, de ahí que una estrategia competitiva se refiere a la búsqueda de una posición favorable en una industria o sector productivo en particular. La estrategia competitiva le aporta a la organización una ventaja competitiva para que la empresa sea más rentable que sus competidores. Entonces, ¿cuáles son las estrategias genéricas que le permite a una empresa crear y mantener una ventaja competitiva en la industria en que participa?

La mentefactura llegó y se quedó

16 de agosto de 2016 / No Comments
Es evidente que atravesamos momentos de grandes cambios por lo que algunos estudiosos dicen que la humanidad está en los prolegómenos de la cuarta revolución industrial.

La primera revolución industrial estuvo marcada por las transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de los siglos XVIII y XIX en Inglaterra, Europa y Norteamérica que se dieron con la invención del motor a vapor que impulsó el paso de una economía rural fundada en la agricultura y el comercio a otra asentada en ciudades industriales. Luego vino la segunda revolución industrial a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX estimulada por nuevas fuentes de energía como electricidad, petróleo y gas e inventos como el motor a combustión interna (automóvil y avión), el teléfono y la radio, adelantos que cambiaron el sistema educativo y científico, la gestión y organización del trabajo, los hábitos de consuno y hasta la política.

A finales del siglo XX y primera década del XXI llegó la tercera revolución industrial o revolución científico-tecnológica, determinada por el uso de energías renovables y los avances en las tecnologías de la información y las comunicaciones que produjo la automatización del trabajo y la aparición de los computadores e internet. Ahora se asiste, desde que en la feria de Hannover de 2011 se hablara de ello, a la cuarta revolución, idea en formación y que se relaciona con industrias inteligentes de mayor adaptabilidad gracias al internet de las cosas que permite que objetos, máquinas y personas interactúen remotamente en cualquier lugar y momento, la cultura market de hágalo usted mismo, la computación en la nube, el big data y otros adelantos que enfatizan en una  creciente y adecuada digitalización y coordinación cooperativa en todas las unidades productivas de la economía.

Mentefactura.

Así que estamos ante un profundo cambio tecnológico que empuja las fronteras del conocimiento hacia lo impensado y que transforma de forma disruptiva las relaciones sociales, la organización empresarial, el arreglo económico y las estructuras políticas. Son momentos que demandan audaces respuestas para que el hombre actual se adapte a este entorno, lo aproveche y alcance nuevos estadios de bienestar y progreso.

La innovación es la forma de producir en tiempos de la cuarta generación industrial porque el trabajo dejó de ser una actividad vinculada a tareas de hacer y mover piezas de forma repetitiva en organizaciones jerárquicas y departamentalizadas, para convertirse en actividades con sujetos que piensan e interactúan entre sí, con capacidad creciente de resolver problemas, más creativos y emocionales. En pocas palabras, es pasar de la manufactura a mentefactura.[1]

Esto sugiere una interpretación de la innovación más allá del ámbito tecnológico y de las patentes y propiedades intelectuales, para reposicionarla como un instrumento de generación de riqueza y bienestar con base en el conocimiento y experimentación de nuevas ideas, es impulsar la cultura de la innovación como un factor de oportunidad.

Avanzar hacia la mentefactura precisa de una sociedad que acepte lo novedoso, que sea proclive a adoptar nuevos comportamientos y a desechar otros no adecuados, lo que requiere de esquemas y formas de pensar renovadas que perciban interés por el cambio. Esto sólo es posible si se socializa la innovación y se le sitúa al alcance de todos en las organizaciones, desmitificando el término para sacarlo del laboratorio y ponerlo en los pasillos, en los escritorios, en las salas de juntas y en las cafeterías de las organizaciones.

Alistarse en la cuarta revolución industrial es penetrar al mundo de la mentefactura, es construir una sociedad del conocimiento que derribe barreras tecnológicas, pero, ante todo, es crear nuevas estructuras mentales dejando a un lado todo aquello que no favorezca el intercambio y cooperación de ideas y saberes.

Por moderna que parezca, la mentefactura no es cosa de máquinas ni de tecnología, en esencia es cosa de hombres con predisposición individual y colectiva a aplicar el conocimiento en la construcción de futuro. El desafío consiste en idear una nueva relación cooperativa y compartida en organizaciones que favorezcan la creatividad y hagan de la innovación una práctica cotidiana que transforme el modo de vivir. Es un mundo sin barreras que se libera de lo básico, de lo manual y repetitivo, para sumergirse en el crecimiento de la inteligencia.

Armando Rodríguez Jaramillo





[1] Mentefactura es un término explicado por Juan José Goñi, Director de Desarrollo de Personas en Tecnalia (Bilbao) en su libro “Mentefactura es pensar en conocimiento y servicio, no en producto.”

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Los clusters son realidades económicas

8 de agosto de 2016 / No Comments
El concepto de clúster industrial nació en los años noventa luego que el profesor Michael Porter publicara sus trabajos sobre competitividad. Desde entonces, el término se volvió de uso frecuente en universidades, escuelas de negocios, libros de administración, prensa y revistas especializadas y congresos de competitividad.

Clúster es una concentración geográfica de industrias relacionadas que compiten y cooperan entre sí, que comparten infraestructura especializada y mercados de factores comunes, y que se benefician de la presencia local de suministradores especializados, proveedores de servicios, y de la existencia de instituciones conexas como universidades y centros de investigación y desarrollo tecnológico” (Porter).