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Los caminos de la competitividad

La ruta de la competitividad en Colombia en ocasiones parece un sendero estrecho de tortuoso el recorrido. ¡Claro que el país ha mejorado!, pero es evidente que pudo haber avanzado más. 

Desde el lanzamiento de la Política Nacional de Competitividad (1999); los Conpes de Agenda Interna para la competitividad y productividad (nro. 3297 de 2004), Institucionalidad y principios rectores de política para la competitividad y productividad (nro. 3439 de 2006) y Política Nacional de competitividad y productividad (nro. 3527 de 2008); y los decretos 2828 de 2009 que organizó el Sistema Administrativo Nacional de Competitividad y creó la Comisión Nacional de Competitividad (CNC) y las comisiones regionales (CRC), y el 1500 de 2012 que ajustó el Sistema Administrativo Nacional de Competitividad e Innovación, los gobiernos, universidades, gremios y empresarios han visto pasar mucha agua bajo el puente.

Sin necesidad de un exhaustivo análisis, se puede afirmar que el Sistema Nacional de Competitividad no ha funcionado como tal. El sistema, coordinado por la CNC y las CRC, en la práctica presentó dificultades para su funcionamiento, salvo algunas excepciones, que se notó en la desarticulación de sus agentes y en la ejecución parcial de las agendas de competitividad nacional y locales.

El sistema quiso operar con las CRC alrededor de CNC, pero ésta no las aglutinó ni siquiera en los encuentros nacionales de las comisiones regionales, por lo que la CNC no se sintió en los departamentos creando una brecha de comunicación.

La realidad mostró a unas CRC bajo la égida del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MCIT) en lo nacional y de las cámaras de comercio en lo local. En cuanto a las cámaras de comercio, estas sin duda han sido grandes animadores y las responsables, en buena medida, que el modelo funcione, sin ellas el balance sería menor. En muchos departamentos donde los gobiernos no le dieron prioridad a la competitividad, fueron las cámaras las que mantuvieron en funcionamiento a las CRC.

Una vez creadas las comisiones regionales (2007 y 2008), se formularon los planes regionales de competitividad basados, la mayoría de las veces, en las agendas internas construidas dos o tres años antes. Sin embargo, los planes se hicieron bajo la orientación e influencia del DNP y MCIT, situación que limitó el ejercicio prospectivo local.

En la ejecución de los planes regionales la mayoría de departamentos enfrentaron situaciones que les ha costado superar y que se convirtieron en escollos para alcanzar la anhelada competitividad. Entre estas situaciones se cuentan:

  • Desconexión nacional con los niveles territoriales.
  • Desarticulación de los actores públicos, privados y académicos.
  • Desconocimiento de la importancia de la competitividad.
  • Falencias en la formulación de los planes regionales de competitividad.
  • Politización de la agenda productiva.
  • Falta de políticas de desarrollo productivo local.
  • Planes de desarrollos departamentales y municipales con la competitividad e innovación como simples enunciados.
  • Falta de continuidad en la gestión de la competitividad entre gobiernos.
  • Desarticulación de agenda de competitividad con la de CTI.
  • Desconfianza de los empresarios en las CRC.

Todo esto condujo a que la gestión de la competitividad sufriera, en su conjunto, cierta desaceleración y pérdida de dinamismo, lo que produjo traumatismos que afectaron el apoyo a las empresas y sus clústeres.
El nuevo escenario.

El contexto que plantea el Plan Nacional de Desarrollo 2014 - 2018 “Todos por un nuevo país” (Ley 1753 del 9 de junio de 2015) representa un reto porque apunta a que la competitividad e innovación sean elementos esenciales para el desarrollo productivo regional. Las bases del PND 2014 - 2018 definen que el Gobierno apoyará las líneas de acción de las Rutas Competitivas al tiempo que plantea (artículo 186) un nuevo rol para las CRC, transformándolas en el único interlocutor del Gobierno nacional con los departamentos en asuntos de desarrollo productivo. De igual forma, fusiona el Sistema de Competitividad y el Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación en un solo Sistema que será coordinado por las CRC.

Con base en este nuevo marco normativo y de planificación, los Conpes de Política de Desarrollo Productivo y de Ciencia, Tecnología e Innovación sientan las bases para una nueva agenda nacional de competitividad enfatizando en el necesario aumento de la productividad empresarial como condición para mejorar en competitividad y en las relaciones existentes entre conocimiento e innovación con la competitividad que confirman la relevancia de la CTI como fuente del crecimiento, que genera beneficios económicos y sociales.

Así que la definición del rol de las CRC como agentes integradores de la política de desarrollo productivo en los departamentos, la creación del Comité de Regionalización para articular las necesidades de las regiones con las nacionales, la focalización de los recursos de regalías hacia la CTI y la promoción a la inversión privada en CTI teniendo como incentivo la disminución del impuesto de renta para las empresas (Ley 1739 d 2014, artículo 32), son acciones que mejorará la gestión.

La responsabilidad de otros agentes del Estado.

Pero esto por sí solo no arrojará frutos, por lo que el gobierno nacional debe hacer una gran esfuerzo para que así como el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo se ha involucrado de lleno en la agenda de competitividad y ha acompañado a los departamentos, hagan lo propio el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones para articularse al Sistema Nacional de Competitividad.

Voluntad similar deberá demostrar Colciencias para bajar más a las regiones toda su capacidad institucional con el fin de poner de forma práctica, sin abandonar el rigor de la investigación, el conocimiento al servicio de los empresarios incentivándolos para que adopten una cultura de la innovación sencilla y comprensible, que les permita escalar a la aplicación de conocimientos más complejos a medida que avanzan hacia la producción de bienes y servicios de mayor sofisticación. No se debe perder de vista que el 97% de las empresas del país son mipymes con empresarios que acusan limitaciones en formación y conocimiento.

Hacia una de la cultura de la competitividad.

Para avanzar en este camino, es esencial que los gobiernos territoriales le concedan importancia a la competitividad e innovación como pilares del desarrollo productivo. En consecuencia, los departamentos se enfrentan al reto de ajustar sus planes y agendas regionales de competitividad, estructurar un solo sistema regional de competitividad, ciencia, tecnología e innovación, aumentar la inversión en CTI, fortalecer el programa rutas competitivas e impulsar la organización de clúster locales.

Para lograr este cometido, hay que poner en el centro de la política pública regional a la competitividad e innovación con las CRC como la instancia articuladora entre los agentes gubernamentales, privados y académicos, y definir agendas de trabajo y mecanismos de financiación administrativa y operativa con esquemas de seguimiento a las acciones realizadas. Pero si bien esto es relevante, la experiencia indica que de no existir en los gobernantes, funcionarios públicos, directivos gremiales, empresarios, rectores y profesores un pensamiento colectivo sobre la importancia de la competitividad, las probabilidades de avanzar serán limitadas. Esto sugiere, entonces, enfrentar el reto de desarrollar un ambicioso programa local de capacitación para crear cultura de la competitividad e innovación como como instrumentos para el desarrollo territorial.

La gobernanza de clúster.

Un aspecto relevante tiene que ver con la conveniencia de robustecer las Rutas Competitivas como medio para fortalecer la competitividad de las empresas que participen en un mismo negocio con el fin que los empresarios innoven en sus productos y servicios a partir de la identificación del segmento de negocio más atractivo, rentable y de futuro de acuerdo a la demanda y las oportunidades del mercado.

La consolidación de las Rutas Competitivas conducirá a la organización de clústeres, sin que se quiera afirmar que esta sea la única vía para ello, lo que lleva a pensar en avanzar en procesos de gobernanza de clúster que permita conformar órganos de gobierno con la participación de empresarios, gremios y universidades, mejorando así la articulación entre agentes con el decidido apoyo gubernamental. Esto generará mayor apropiación por el empresario de las cadenas de valor en la que participa y mejorará ostensiblemente el diálogo entre empresas, instituciones y universidades con los gobiernos, permitiendo la orientación eficiente de los instrumentos de desarrollo empresarial y de recursos públicos.

Entendida de esta manera, la gobernanza de clúster crea escenario de autonomía, pues son los empresarios y universidades los encargados de decir para donde van estas organizaciones, con el necesario apoyo gubernamental, por lo que la gobernanza viene siendo una buena opción para evitar la presencia de “clúster secuestrados”, distorsión que ocurre cuando una determinada institución se apropia de un clúster con determinaciones unilaterales sin permitir deliberación ni compartir la toma de decisiones. Este caso también se da cuando una empresa con influyente poder de negociación en la cadena de valor, pretende dirigir los destinos del clúster para sus propios beneficios.

De otra parte, la gobernanza permite hacer tránsito hacia procesos de responsabilidad compartida entre los agentes del clúster con el fin que haya aportes y beneficios colectivos. Es usual que un clúster pase por varias etapas en su organización. Al principio una entidad gestora o líder se encarga de la formulación de la ruta competitiva y como tal es la responsable de impulsar el proceso. Luego vendrá la ejecución de las líneas de acción identificadas para intervenir la competitividad de las empresas, las cuales requiere de recursos públicos e institucionales para su financiación. Y por último, cuando se empieza a impactar la competitividad y se crea confianza y consciencia de actuar como clúster, viene el modelo “todos ponen, todos ganan” que llevará a un estadio de madurez en la gobernanza.

En el caso de la mayoría de clúster que han hecho parte del programa de Rutas Competitivas, sus procesos se encuentran en las dos primeras etapas, con lo que se corre el riesgo que los incipientes clúster se vuelvan dependientes de las instituciones gestoras y adictos a los recursos públicos creando un estado de confort que los empresarios y entidades líderes no están dispuestos a abandonar.


Armando Rodríguez Jaramillo
Director NaoClúster - armando@naocluster.com

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Jillur Rahman

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